lunes, 16 de abril de 2012

Insula surrealista.


Amianto cinabrio o cobre:
piel.
Tentáculos, estrías o cetáceos:
manos.
Esquinas, balcones, cornucopias:
ojos.
Desiertos, selvas o jardines:
hombros.
Inmensas autopistas, o desvanes:
caderas.
Cojines, otomanas , baldaquinos:
muslos
Quinqués, de plata espejos:
pies.

Volvamos lentamente hasta tu boca:
labios.
¿Acaso quiera yo tu espalda mía?:
día.
Ternura, demencia , ingrávida sentencia:

Espejos, parapetos , monóculos,
albricias, verdades y mentiras,
imágenes oscuras, tornasoles,
licores, alfileres, sinfonías…
VIDA!

León 16 de abril de 2012.

16 de abril.

Els Balmins.




Aquellos fueron dulces.
Dormíamos en la playa o en el puerto bajo las barcas.
No necesitábamos nada, si era necesario cambiarnos de ropa
en tropel volvíamos a la Estación y allí mismo sacábamos de las taquillas lo necesario.
De vuelta a Els Balmins comprábamos, si había dinero, fruta y cerveza
De cuando en cuando vino.
Las noches eran intensas y el pueblo nuestro.
No había preceptos que guardar, ni cuentas que dar
ni siquiera una casa a la que regresar.
Si el sueños nos vencía la cama inmensa de cualquier playa era para nosotros el lecho más confortable.
Si la ropa se manchaba a la basura.
Poco a poco lo fui vendiendo todo: regalos de una novia , dos anillos de plata,
dos vaqueros de marca y una cadena de oro que encontré, milagrosamente, bajo la fina arena de Cala Forn.
A los pocos días, llego Caba,
rodeado de una noble tropa de gente de Madrid.
La casa de verano de su abuelo, estaba intacta a pesar del abandono de la misma,
sin luz ni agua corriente , pero con paredes, techo y alguna cama desvencijada.
Poco a poco y en noches de tormenta, fuimos quemando puertas, muebles y ventanas, para calentarnos.
El pozo del jardín se lleno de renacuajos y yo encontré trabajo: de 10 de la mañana hasta que el ultimo cliente del restaurante italiano decidiera irse.
Através de alguien de la tropa de Madrid se unieron a nosotros dos argentinos enganchados al caballo.
Caba les dio cuartel y aquello comenzó a ser un infierno.
Los síndromes de abstinencia eras terribles y aquel esqueleto de lo que antes fue una casa dejo de gustarme.
Alquile un cuartucho en un hotel de media estrella, sin reopción y apenas sin control.
Muchas noches subía a la azotea a dormir y conmigo un tropel de gente que ni siquiera conocía. Alguien se chivo al encargado del tugurio y me puso de patitas en la calle, vuelta con la ropa a las taquillas de la estación de RENFE.
Deje de dormir y mis días eran una continua sucesión de paroxismo:
trabajo, juerga continua y delirante y vuelta al trabajo,
así durante casi cuatro meses.

Rompí con todo, volví con algo más de tres mil pesetas, a Barcelona.
Vague hasta cansarme.
El tren me devolvió a casa de mis padres con el pelo más largo y diez kilos menos.
A veces me arrepiento de no haberme quedado para siempre en Els Balmins.
Aquellos días, realmente fueron dulces.

miércoles, 11 de abril de 2012

"Pero toda casa está vacía"

 
 
"Música en palacios de deshielo, violines sin cuerdas...
Sólo que no volveré nunca.
Sólo que no soy de ningún sitio.
Que nunca estuve donde creí estar. Que nada sé,

y que la ilusa patria no existió ni existirá,
ni es posible.
En un perpetuo otoño, los quinqués dan una luz muy
tibia.
Crees en una casa. Pero toda casa está vacía"

Martas cibelinas de Luis Antonio de Villena.