martes, 27 de marzo de 2012

Duermevela onírico.

Duermevela onírico,
en medio el sol como un río de oro,
el tiempo detenido,
el amargo sabor de un café sin azúcar.
Aplauden las pestañas
al magnifico concierto de esta mañana que de abril parece.
... Se han ido todos
la calma reina por derecho,
lasitud, orfandad de horas
del reloj olvidado.
El “ yo mismo” diría un literato de apenas hace un siglo.
¿Hay acaso un estado mas libre que este mío?

Imagino la escena
del “arpista ciego”
tejiendo con sus manos
la infinita belleza del silencio rotundo.
Ahí , un poco más allá de la ventana
la batalla diaria de los otros:
los lobos, las hienas, los corderos,
los gorriones desvalidos , los halcones…

Dueño y señor
de este mediodía
sin ángelus, ni dioses,
Cierro, por defecto,
el balcón de mis ojos
para no ver, “las uñas negras de la miseria”.

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